CRUÏLLA 2018: Jueves

CRUÏLLA 2018: Jueves

Por NACHO CABANA

Aunque fue Seasick Steve (sentado en una mecedora de porche y rodeado de tipos que parecían haber estado toda su vida esperando para votar a Donald Trump) el encargado de abrir el Cruïlla 2018, el grueso del público que acudimos a la jornada inaugural del jueves esperábamos el gran programa doble que supuso disfrutar de tirón de sendas propuestas alejadas tanto entre sí como del blusero cansado: Jack White y Bunbury.

Se abría de esta forma la edición 2018 del entrañable macrofestival Cruïlla que -como su propio nombre indica- supone un cruce de músicos (nacionales y extranjeros) que no son flor de un solo verano y (si bien en los escenarios menores) prometedoras bandas locales.

White in blue

Tras la actuación de Seasick Steve (con el personal todavía llegando y los operarios cambiando el escenario), un reloj proyectado sobre la pantalla trasera del espectacular escenario principal (el único disponible en la jornada inaugural) marcaba el tiempo que quedaba para que Jack White hiciera su aparición. Éste, tres micrófonos con diferentes modulaciones a su disposición, comenzó su actuación cuando todavía era de día por lo que el hermoso trabajo de su VJ quedó algo deslucido hasta que, como él mismo destacó, el sol se fue y todos los matices del azul inundaron el escenario.

Tres micros solo para mí.

Comenzó el excomponente de White stripes con Over and over and over para luego continuar con dos canciones de la banda que le lanzó a la fama (Hotel Yorba y The hardest buttom to buttom) y durante buena parte de la actuación lo que más destacó fue la excepcional labor a la batería de Carla Azar. Todo fue tan virtuoso en su ejecución como algo frío y un pelín mecánico. Solo cuando la montaña rusa de riffs se vio levemente suavizada con los teclados de Quincy McCrary y Neal Evans en We´re going to be friends, el concierto pareció reorientarse de los egos de la banda al público.

El despegue definitivo de la intervención de White tuvo lugar con Connected by love y de ahí al final la cosa no hizo más que subir hasta un bis final que no podía ser otro que Seven nation army, una de las pocas canciones de la historia que deben su popularidad al bajo.

Bunbury se desquita.

¿Se oye?

“¿Se oye bien por todos lados?” preguntó el zaragozano y alguien contestó “Este año , sí.”. Y es que debía ser muy consciente el exlíder de los Héroes del silencio de la desastrosa ecualización de su actuación hace dos ediciones en este mismo festival. Y la verdad es que el sonido fue tan impecable principio a fin como el de sus predecesores. Abrió Bunbury su catuación en Cruïlla 2018 convirtiendo La ceremonia de la confusión en un peculiar tema de bienvenida antes de encarar algunos temas de su nuevo disco Expectativas (fantásticas En bandeja de plata y, sobre todo, Cuna de Caín) para luego satisfacer a los que aún no se saben este de memoria con una excelente versión de Mar adentro, el primero de los tres temas de la banda que le vio nacer que interpretó. Y de ahí para arriba con una valiente y cabaretera versión de El extranjero (cantar “los nacionalismos que miedo me dan” seguido de “Ni patria, ni bandera / Ni raza, ni condición / Ni límites, ni fronteras” en la Europa actual no puede sino aplaudirse) .

Con una banda (Los santos inocentes) de veteranos (de esas que suelen hacer brillar a Loquillo) incapaz de dar una nota fuera de lugar, Bunbury demostró desde el inicio no solo tener “la actitud correcta” sino también “ese no sé qué” que le hace controlar con un solo gesto a la banda, la iluminación y el público (espectacular el inicio de Maldito duende). Solo erró al no atreverse con el estribillo de Lady Blue al final y recurrir al viejo truco de pedirle a la gente que lo entone en lugar.

Cerró con la romántica La constante y se quitó de tal forma la espinita que llevaba clavada desde el Cruïlla 2016 que al acabar parecía que Jack White había salido solo para telonearle.

Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial. Acaba de publicar en México su nueva novela VERANO DE KALASHNIKOVS (Harper Collins). Su nueva serie, MATADERO, este año en Antena 3 y Amazon Prime.

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