Covarrubias, villa de cerezas y de princesas

Covarrubias, villa de cerezas y de princesas

Fotografía de portada: © Spain.info

De nuevo les animamos a salir de casa, coger la carretera, visitar una localidad que es en sí un museo y que conserva la esencia medieval de las villas castellanas de ese período de leyenda.

Covarrubias es una pequeña villa burgalesa enmarcada en el recientemente bautizado Triángulo del Arlanza. Un espacio geográfico que encuadra tres focos de atención histórica de la talla de Lerma, Covarrubias y Santo Domingo de Silos. Tres villas que, por su importancia en la historia cultural de Castilla, merecen reportajes separados.

Covarrubias es una villa medieval callada y escondida en el interior de la provincia de Burgos. Un pueblo que, gracias a su silencio, ha preservado su esencia de villa castellana coqueta y con carácter y, gracias a esto, hoy podemos imaginar, sin temor a equivocarnos, cómo eran las poblaciones del viejo Condado de Castilla.

Covarrubias presume de unas señas de identidad que se hace visibles nada más llegar y pisar sus calles empedradas. Nos referimos a las casas entramadas que hacen de este lugar el mascarón de proa de este bello sistema de construcción que hunde sus raíces entre los siglos XIII y XIV. Es precisamante este detalle el que percibimos al contemplar el primer monumento, la Casa de Doña Sancha, un hermoso edificio orgulloso de exhibirse con todo esplendor propiedad de Doña Sancha de Castilla (1116-1157), hija de Doña Urraca y de Raimundo de Borgoña y hermana de Alfonso VII de Castilla. Esta casa rachela construida en el siglo XII y restaurada en el XV, es hoy una galería de arte y sala de exposiciones con entrada libre para el visitante.

Plaza de Doña Sancha

Es en esta explanada en el que se encuentra este singular edificio, el lugar donde se concentra la mayor parte de los monumentos de Covarrubias. Frente a él se yergue majestuoso el Torreón de Fernán González, una vetusta torre defensiva del siglo X  que destaca sobre la muralla que circundaba la villa y que mandara derribar el Francisco “Divino”  Vallés, médico personal del rey Felipe II, nacido en esta villa; para ventilar mejor la población y erradicar el brote de peste que hizo sus estragos en la provincia durante el siglo XVI.

Fue en esta torre trapezoidal donde, según cuenta la historia o fantasea la leyenda, Fernán González encerrara y emparedara a su hija Urraca por haberse enamorado de un pastor. Así las gastaba este Buen Conde de Castilla que tenía sus principales pagos por este Infantado, el más importante de la Hispania reconquistada.

El torreón mozárabe es la parte más representativa del complejo formado además por la casa palacio, la muralla y el jardín, también denominado de Doña Urraca, es una de las pocas muestras de arquitectura militar prerrománica de Castilla que se encuentra en un estado de conservación óptimo.

Torreón de Doña Urraca o de Fernán González

Abandonando esta plaza en donde la sombra de los castaños de indias ha sido nuestra mejor aliada contra la jornada de calor, nos dirigimos a la joya de la corona de este conjunto monumental: la Colegiata de San Cosme y San Damián. Frente a la fachada que anuncia los avances arquitectónicos del Renacimiento, nos encontramos con una estatua dedicada a la que, en la actualidad, es uno de los personajes ligados definitivamente a este pueblo: la princesa Kristina de Noruega.

La historia de Cristina o Kristina de Noruega es el complemento perfecto para hacer de Covarrubias un lugar con el encanto que sólo son capaces de proporcionar las historias románticas con un punto de misterio. Fue Kristina Hakonsdatter la hija del rey Haakon IV de Noruega, cuando su país era conocido como la patria de los temidos vikingos. La Corona de Castilla en ese momento representada por Alfonso X el Sabio, buscaba alianzas con el país nórdico por las aspiraciones del rey castellano a la corona del Sacro Imperio. Así las cosas y viendo que su matrimonio con la reina Violante de Aragón no tenía descendencia, decidió repudiarla y amañar un nuevo enlace en el que Kristina de Noruega sería la elegida. Kristina ambarcó en su nave vikinga rumbo a Castilla; pero los viajes en el siglo XIII no se caracterizaban por su rapidez y cuando pisó tierra castellana, la reina Violante estaba embarazada y el matrimonio no tenía ya excusas para disolverse.

Colegiata de San Cosme y San Damián Fotografía © fotoimagenes.org

Había que salvar una situación que podría acarrear graves consecuencias diplomáticas y se hizo ofreciendo a la princesa nórdica que eligiera, entre los infantes reales, aquel que le proporcionara mayor placer. Lo hizo eligiendo al Infante Felipe de Castilla, el más apuesto de los hermanos del rey Alfonso. La boda se celebró el 31 de marzo de 1258 en Valladolid, pero establecieron su residencia en el Alcázar de Sevilla.

Poco duró su felicidad porque esta princesa venida del frío y acostumbrada al verde de los fiordos noruegos, no pudo soportar las altas temperaturas de la capital del Guadalquivir y murió sin descendencia a los cuatro años de casarse. Las causas de la muerte son aún un misterio, pero sabemos que en su sepulcro localizado en el claustro gótico de la Colegiata de Covarrubias se encontraron, entre otras pertenencias, un remedio contra el mal de oídos. Su marido mandó enterrarla en Covarrubias puesto que, años atrás, había sido el abad de su colegiata.

Mal de oídos, un golpe de calor, melancolía, tristeza porque el verdadero amor de su corta vida fuera el propio rey Sabio, o envenenada por la reina Violante… quizá tardaremos en saberlo, el caso es que en 1958, en el transcurso de unas obras en el claustro de la colegiata, se encontró su sepulcro que el tiempo había enterrado ya en el olvido. Al abrirlo se descubrió, a parte de la susodicha receta para la otitis, un cuerpo prácticamente incorrupto, unos versos de amor y su espléndido ajuar mortuorio en un estado de conservación más que aceptable. Pronto el romántico hallazgo se convirtió en uno de los principales atractivos de Covarrubias y hoy en día es tradición que las mujeres solteras con ganas de casarse que visiten este templo del siglo XV toquen la campana que acompaña a la tumba real porque pronto encontrarán a su príncipe soñado.

Monumento a la Princesa Kristina de Noruega

La Colegiata de San Cosme y San Damián es uno de los templos más representativos del gótico tardío que tantas muestras reúne la provincia burgalesa. Su edificación data de finales del siglo XV y se cree que se hizo sobre los cimientos de un importante monasterio románico del que fuera abadesa la reina Urraca, nieta de Fernán Gonzalez. Entre las numerosas obras de arte custodiadas entre sus muros destacan: una imagen sedente y policromada del Apóstol Santiago del siglo XIII, Una Virgen niña con San Joaquín y Santa Ana, joya de la escuela castellana del siglo XVIII, una copia del documento de creación del Infantado de Covarrubias, fechada en 978; tres arquetas de madera forradas con plata repujada procedentes del cercano monasterio de San Pedro de Arlanza, cinco trozos de seda pertenecientes al ajuar del sepulcro de la infanta Cristina de Noruega, y el famoso Tríptico de los Reyes Magos, del siglo XV, realizado por el maestro de Covarrubias.

La Colegiata rachela acoge también, junto al altar, los sepulcros de los primeros Condes de Castilla, Fernán González y su esposa Sancha de Pamplona, traídos a Covarrubias desde el Monasterio de San Pedro de Arlanza en 1841.

La villa del Arlanza posee otros atractivos que completarán nuestra visita, como el Archivo del Adelantamiento de Castilla, un edificio herreriano levantado en 1575 en homenaje a Francisco Vallés y que en la actualidad acoge la biblioteca pública, la oficina de turismo y una sala de exposiciones temporales; el Palacio de Fernán González, hoy en día sede del Ayuntamiento y del que sólo se conserva, de su construcción original, un arco románico del siglo XII y la Iglesia de Santo Tomás del siglo XV con una espléndida pila bautismal románica y una asombrosa escalera plateresca.

Monumentos aparte la villa de Covarrubias posee también un bello paseo bordeando los restos de la muralla defensiva edificada entre los siglos X y XIII, el llamado paseo de la Solana. Una vereda para caminar en paralelo con el legendario Arlanza y desde donde podemos contemplar el hermoso conjunto histórico con puente incluido.

Y ¿cómo no hablar de las cerezas de Covarrubias? la villa del Arlanza posee fama de producir dos variedades de esta fruta estival que se da únicamente en esta comarca. Una de ellas es de un rojo intenso y un sabor muy dulce, la otra ofrece un color amarillento o anaranjado, pero ambas son una de las fuentes principales de ingresos que, junto al turismo, son los principales motores de este lugar. No en vano, a principios del verano todos los años celebra su tradicional Fiesta Medieval y de la Cereza, feria que combina estas dos fuentes de ingresos y que llena sus calles de ambiente medieval en el que no hay que emplear nada en decoración porque Covarrubias en en sí una villa del Medievo.

Calles empedradas, vetustos torreones, casas entramadas, colegiatas que guardan mil sorpresas en su interior; princesas que vinieron del frío y se murieron de calor, infantas que se enamoraron de pastores… paisajes de cerezos y mercados medievales conforman esta villa con vocación de ser la milenaria y silenciosa Cuna de Castilla, un tesoro por descubrir.

Plaza de Doña Urraca y Palacio de Fernán González Fotografía © B. Corral

Autor

Jaime Pacios
Nací en Madrid, pertenezco a un ámbito en el que la cultura ha colmado por sí misma muchos de nuestros anhelos y nuestra forma de sentir la vida. La literatura, la pintura, el teatro, la arquitectura, el cine, la música… el ARTE en general, son términos muy ligados a mí. Estudié filología hispánica en la Universidad Complutense aunque los avatares de la vida me empujaron por el mundo de la comunicación. He tenido la suerte de trabajar en algunos de los medios más importantes de España y, aunque no soy experto en nada, me complace ser aprendiz de todo.