Cita con Anne Sinclair en la Calle la Boétie 21

Cita con Anne Sinclair en la Calle la Boétie 21

Anne Sinclair ocupa un lugar destacado en los medios de comunicación franceses desde 1973. Con 7/7, programa de entrevistas de la noche de los domingos en TF1, alcanzó la fama tras entrevistar a más de quinientas personalidades durante los trece años de vida del programa. Hoy dirige la versión francesa del Huffington Post.

Calle la Boétie 21 está dedicada a la memoria de su abuelo, Paul Rosenberg, uno de los grandes marchantes de arte de la primera mitad del siglo XX. Otros libros suyos son Deux ou trois choses que je sais d’eux (1997) y Caméra subjective (2003).

La editorial Galaxia Gutenberg organiza este encuentro coloquio entre Montserrat Domínguez y Anne Sinclair para contarnos más sobre un marchante de arte de leyenda, sobre la vida consagrada a la pintura y a los grandes pintores del siglo XX ; sobre su abuelo: Paul Rosenberg.

Anne Sinclair:

Gracias a Galaxia Gutenberg por esta edición que me encanta, es muy bella, muy cuidada, la edición francesa no lo es tanto. En España se editan bellos libros como en Estados Unidos, libros que parecen libros, estoy encantada, muy orgullosa de estar aquí en Madrid.

Montserrat Domínguez:

¿Qué impresión te ha causado ver el Guernica de Picasso esta mañana en el Museo Reina Sofía?

Anne Sinclair:
Ya lo había visto hace años en el Museo del Prado cuando estaba en una pequeña sala, ahora me ha encantado verlo en el Reina Sofía que es un museo magnífico en el que nunca había estado y tendré que volver. El director nos ha acogido muy calurosamente. Para mi El Guernica recoge un poco el sentido de mi libro.

Calle la Boétie 21 no es una biografía común, es una evocación, un testimonio y un homenaje a mi abuelo, un gran marchante de arte que vivió una historia compuesta de arte y de guerra en la mitad del siglo XX. Tuvo gran amistad con Picasso y vamos a hablar de ella.

El Guernica, como decía antes, es la síntesis de este libro y a la vez es el símbolo de lo que significaba el arte en el periodo de entreguerras que este cuadro resume tan bien. Lo que me ha parecido formidable, no lo había visto nunca, son las fotografías que están en la pared de enfrente que van mostrando la progresión de la elaboración del cuadro.

El Guernica de Picasso en el Museo Reina Sofía de Madrid

Montserrat Domínguez:
Has escrito en tu blog la historia del libro, la historia de Europa y cuentas una anécdota sobre  la investigación o búsqueda de identidad, una anécdota que fue la que te empujó a escribir este libro, sobre tu familia.

Anne Sinclair:
Sí, mi abuelo murió cuando yo tenía 11 años. Yo conocía la historia de la familia pero, en el fondo, estas historias suelen aburrir un poco a los jóvenes, uno quiere hacer su propia vida y la mía era hacer periodismo, un periodismo más político que otra cosa. Por eso las historias de la familia, del arte… no las escuchaba con atención. Esto entristecía a mi madre -ella estaría encantada de la publicación de este libro- que incluso va a ser traducido dentro de poco al mundo anglosajón, Inglaterra y Estados Unidos.

Pero hubo dos resorte, la edad, que saltó y que me hizo mirar más al pasado porque en el fondo somos el producto de toda una historia. Estamos hechos de muchas moléculas diferentes. Yo no me reduzco a mi status de periodista y quería demostrar que pertenezco también a una historia familiar. El segundo resorte está ligado a algo típicamente francés, pero creo que se puede extrapolar también a España porque está ligado a la identidad. Durante años Francia ha mantenido una política muy restrictiva en materia de papeles de identidad, de inmigración etc. Cuando quise renovarme el documento nacional de identidad yo, que soy descendiente de franceses, no tuve problemas para probar mi identidad, pero me plantearon muchas dificultades y pensé que la identidad no cae por su propio peso, de hecho mi familia vivió una época en la que su identidad se vio cuestionada porque eran judíos, refugiados en Estados Unidos y el régimen de Vichy les había desnacionalizado. Esto fue un importante resorte y pensé como busca cada uno su identidad y todo esto fue elaborando la historia.

Anne Sinclair y Montserrat Domínguez

Anne Sinclair , Montserrat Domínguez y Joan Tarrida en la presentación de Calle la Boétie 21

Montserrat Domínguez:
Hablamos de la historia y tuvo que ser terriblemente difícil para la familia Rosenberg tomar una decisión de huir de Francia a Portugal, perder la familia, la casa etc, y empezar una nueva vida en un país, en un continente distinto. Háblanos un poco de todo eso

Anne Sinclair:

Sí, hay que relativizar un poco. Mi familia materna tuvo mucha suerte porque la de mi padre se quedó en Francia, de hecho mi abuelo paterno fue arrestado y se salvó milagrosamente, pero eso es otra historia…

En cuanto a la familia de mi madre, que es la que trato en la novela, tuvo suerte porque lo vivieron en sus carnes, en su propia vida cotidiana, en su orgullo, en su miseria; pero no de una forma física porque hubo familias que fueron totalmente eliminadas y la mía no. No quise escribir la historia de una familia que sufrió el holocausto judío. Mi familia vivió una situación dificil en Sintra, después de haber atravesado España en tres días. Franco había dado autorización para estar sólo tres días atravesando España, para que no se le llenase el país de refugiados. Mis abuelos y mi madre, que estaban en Burdeos, atravesaron España, dejaron atrás al hermano de mi madre que tenía 18 años, y se pusieron rumbo a Portugal donde permanecieron cuatro meses esperando un visado. Mi abuelo tuvo la suerte de ser muy amigo de Alfred H. Barr, primer director del Modern Museum of Art en Nueva York (MOMA) quien explicó a los americanos que era muy importante para ellos acoger a Paul Rosenberg para establecerse en Estados Unidos. Así es como mi abuelo obtuvo el visado.

Mi abuelo antes de la guerra montó una asociación de marchantes europeos en un momento en el que los alemanes vaciaban los museos alemanes, incluso las colecciones particulares, porque para ellos era un arte degenerado, y éste empezaba ya con los Impresionistas. Pusieron en el mercado obras extraordinarias de Monet, Renoir, Gauguin, Picasso, Braque… toda la riqueza del arte entre 1890 y 1940. Por lo tanto hubo obras extraordinarias en el mercado mundial y muchos marchantes evidentemente se lanzaron a hacer negocio. La consigna de la asociación de marchantes europeos era no darle un solo céntimo a los nazis puesto que lo convertirán en bombas Por esta razón, mi abuelo estaba en las listas negras de los alemanes y dos días después de la llegada de las tropas nazis a París, fueron a la calle la Boetie 21 para deportar a toda la familia y hacer pillaje de todo lo que encontrasen.

Paul Rosenberg, marchante de arte

Resulta interesante indagar en el título de esta novela, en esa emblemática dirección donde antaño se fraguó un pequeño fragmento de la historia del arte, pero donde hoy el tiempo parece haber borrado todo atisbo de belleza.

Anne Sinclair:
Esta galería era como el templo de la belleza y quise mostrar en estas imágenes las últimas exposiciones de los años 30 que mi abuelo realizó con las magníficas obras de Picasso. Más tarde el edificio fue ocupado por la Gestapo e instaló ahí el Instituto de cuestiones judías que dependía directamente de los nazis. Este organismo, era horroroso y deleznable. Era una institución de propaganda, pero también de denuncia. Organizó una exposición terrible llamada “El Judío en Francia, cómo reconocer a un judío respecto de un francés” con unas imágenes espantosas. Tuvo casi un millón de visitantes, voluntarios o forzados, fueron a verla. Fue un paso muy breve de la belleza al horror.

Este edificio existe aún en París. Cuando estaba escribiendo este libro entré y visité la sala de reuniones y resto de estancias que no han cambiado tanto… me pareció muy emotivo.

El propietario del edificio es un industrial francés que tiene allí sus oficinas, hace servicios a empresas, telefonía, azafatas etc …contactó conmigo diciéndome: me ha emocionado mucho su libro y me gustaría poner una placa conmemorativa de su abuelo.  Se colocará en junio y yo misma he redactado un pequeño texto,  realmente estoy emocionada porque hace 74 años que mi abuelo tuvo que huir y pondrá  en ese edificio, en el que él vivió, “Aquí vivió Paul Rosenberg que tuvo su galería con sus amigos Matisse, Picasso…”  Me parece que es un hermoso y emotivo homenaje.

Pablo Picasso

Paul Rosenberg no tenía antecedentes familiares relacionados directamente con el arte, pero si estaba latente en él un sexto sentido que le facilitó el camino a este marchante de leyenda en este terreno tan resbaladizo.

Anne Sinclair:

Mi abuelo no descendía de grandes marchantes de arte. su padre fue comerciante de grano, pero fracasó en el negocio. En los últimos años de su vida se dedicó a su hobby que era las antigüedades y montó una pequeña galería donde introdujo a sus dos hijos en el comercio de arte. Envió a mi abuelo en 1900 a Londres a tomar clases de arte. Él no tenía ni idea de arte, pero estaba encantado de haber negociado cuadros de Monet por 3 libras (valían mucho más). Poco a poco aprendió el oficio y visitó todos los museos importantes. Tenía ojo y eso es muy importante, no era sólo un comerciante. Todavía existe ese tipo de galerista que apuesta por los artistas, con audacia. Mi abuelo tenía un sentido comercial muy fino, pero tenía también un sentido artístico muy desarrollado y una pasión auténtica por el arte de su época, por el arte moderno. Adquirió por primera vez un Picasso en 1925 y la gente que entraba en la galería se reía de él pensando que era algo muy infantil. La gente entraba a la galería a insultarle.

Conoció a Pablo Picasso en 1918 y entablaron una gran amistad. Picasso buscaba su independencia financiera para poder tener libertad de espíritu y poder pintar sin preocupaciones económicas.

Paul Rosenberg sacó a Picasso de ese círculo cerrado del Cubismo. Hasta el momento Picasso era el jefe de una escuela, por decirlo así, la escuela Cubista; pero estaba en un callejón sin salida, aunque era un genio extraordinario. Mi abuelo le acompañó en esta transformación, era una especie de empresario y de matrona, que sabría acompañarle en su creación artística hasta tal punto que le compró un apartamento en el edificio de al lado. Mi abuelo estaba en el 21 y Picasso en el 23 de la Boetié. Por la ventana de la cocina veía la cocina de Picasso y éste le mostraba el cuadro que estaba pintando. Tenían una relación extraordinariamente cercana y fraternal y creo que mi abuelo era un auténtico enamorado de la pintura, de sus artistas y de sus propios cuadros. Lo que le ponía enfermo al coger vacaciones era no volver a ver esos lienzos, una obsesión como otra cualquiera. Era su auténtica pasión, incluso tenía una especie de frustración que expresa muy bien en una carta muy hermosa a Matisse que encontré en la fundación Matisse donde afirma que él sólo es un pasante, un intermediario. Escribe a Matisse en el 37 o 38, cuando la moral de todo el mundo estaba muy baja porque ya se mascaba la tragedia; y mi abuelo le escribe y le dice: “pero al menos usted tiene su arte yo no tengo más que la forma de revalorizarlos, de explicar su arte, de explicarlo a otros, de promoverlo“. Yo creo que esta forma de revalorizar el arte era algo formidable por su parte y al mismo tiempo muy premonitorio.

Montserrat Domínguez y Anne Sinclair durante el coloquio en el Instituto Francés de Madrid

Mi abuelo tenía un ojo muy particular, enseguida comprendió que el mercado del arte se iba a desplazar, que se iba a globalizar. En su época la pintura era muy europea, y casi toda francesa, siento decirlo así; pero Picasso para los franceses era un artista francés, porque siempre pintó en Francia, forma parte de nuestro acervo. Rosenberg entendió que los creadores vendrían del otro lado del Atlántico, de Estados Unidos y él mismo quería ser el primero en mostrar estos lienzos. Ya en 1922 se fue con varios Picassos debajo del brazo a Kansas City, no sé si se hacen una idea, incluso en Kansas City, tenía ganas de que ese arte se conociese, en concreto, en Estados Unidos donde tan sólo conocían a los grandes pintores, Velázquez, Rembrandt… pero no el arte moderno.

Montserrat Domínguez:

Hay una anécdota en la vida de tu abuelo relacionada con el gran Salvador Dali que no sabemos si es o no cierta., el caso es que parece que entre ambos no existía demasiada conexión.

Anne Sinclair:

Fue muy maleducado con Salvador Dalí, tenía derecho a que no le gustase el Surrealismo. Lo vio en la exposición de París, en Beaubourg.  Dalí es un gigante de la pintura, pero mi abuelo, como otros marchantes de su época, no apreciaban el Surrealismo, les parecía un movimiento literario, no pictórico. Un día Dalí fue a verle a un restaurante para pedirle a Rosenberg que le representase y mi abuelo fue terriblemente grosero, le dijo: mi galería es seria, no está hecha para los payasos. La verdad es que me da un poco de vergüenza contar esto.

Pablo Picasso con Anne Sinclair en el Sur de Francia

Montserrat Domínguez:

Cómo es que, con la relación tan estrecha que mantuvo tu familia con Picasso, ¿no tengas ningún cuadro pintado por el maestro del cubismo?

Anne Sinclair:

Yo no tengo el talento de mi abuelo. Cuando tenía 12 años acompañé a mis padres y mis abuelos a ver a Picasso en el Sur de Francia. Su casa me pareció una leonera, con pintura por todos lados, en el cabecero de la cama ponía un lienzo al revés… Picasso me decía: “que chica tan guapa, veo aquí ojos por todas partes… ” y a mi me aterraba verme transformada en una pintura con un ojo en el medio de la cara… y me dije: ¡¡no no no!! y corrí al jardín porque no tenía un sentido artístico muy desarrollado; por eso nunca tuve mi retrato de Picasso, lo único que tengo son fotos con él… Está claro que yo no tengo el talento de mi abuelo.

Calle la Boétie 21, de Anne Sinclair, Galaxia Gutemberg 2013

La periodista y escritora franco-americana Anne Sinclair

Autor

Jaime Pacios
Nací en Madrid, pertenezco a un ámbito en el que la cultura ha colmado por sí misma muchos de nuestros anhelos y nuestra forma de sentir la vida. La literatura, la pintura, el teatro, la arquitectura, el cine, la música… el ARTE en general, son términos muy ligados a mí. Estudié filología hispánica en la Universidad Complutense aunque los avatares de la vida me empujaron por el mundo de la comunicación. He tenido la suerte de trabajar en algunos de los medios más importantes de España y, aunque no soy experto en nada, me complace ser aprendiz de todo.

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