Casillero del diablo, de José Carlos Rodrigo Breto

Casillero del diablo, de José Carlos Rodrigo Breto

José Carlos Rodrigo Breto ha sido tertuliano durante varios años, y siempre nos ha aportado sus conocimientos, su cultura y, a veces, su escepticismo ante tantas cosas de la vida en general, y de la vida literaria en particular, que no le gustan. En la siguiente entrevista lo conoceremos un poco más, con la excusa de que acaba de publicar su quinta novela: Casillero del diablo, en Ediciones Xorki, cuyo director de narrativa es el profesor, novelista y buen amigo Ángel García Galiano.

¿Por qué escribes?
Alguien dijo que la escritura, concretamente la poesía, eran una represa para evitar el suicido. Bukowski añadió que las palabras lo apartaban de la completa locura. Y Kafka que “la escritura es la bandera de Robinson en lo alto de la isla”. Y así es. Siempre he escrito para no sentirme abandonado y, como Robinsón, encontrarme con unas huellas de pies en la arena de la playa. A él, le asustaron esas huellas al pensar en los caníbales. Esas huellas, para mí, son caníbales que devoran mi obra: y necesito ser devorado.

¿Cómo calificarías tu obra?
Una búsqueda, continuada, de una identidad. Y el pavor ante el ser humano y lo que es capaz de ser cuando el lado oscuro nos asoma por las grietas de la inhumanidad. Y lo que significa la literatura, la escritura, inmersa en todo ello.

¿En quién te inspiras para crear?
Si nos referimos a influencia o confluencia de otros escritores, la lista es interminable: Kafka, el primero, pero también Bernhard, Bukowski, Houellebecq, Grass, Kadaré, Bufalino, Fante… y si me refiero a los temas que me inspiran… la verdad, son ellos, los temas, los que me agarran de las piernas y me traban hasta caerles encima. No son cosa mía el elegirlos: simplemente, surgen.

¿Crees que puede afectar a tu obra el hecho de que seas un teórico de la literatura?
No… Creo que los teóricos quizás tengamos cierta fama de aburridos y complicados, que todo lo retorcemos hasta darle una forma compleja. Sí que creo que, desde que soy comparatista y teórico, me han ocupado en mis novelas temas más metaliterarios, y que mis narraciones se han enriquecido. Ahora miro mis creaciones desde una perspectiva más completa y creo que poseo algún recurso más para salir adelante técnicamente, producto de conocer más y más escritores y obras que sin ser comparatista nunca habría leído, o difícilmente. Un ejemplo: el monumental Josef Winkler.

Háblanos de tu última novela.
Una vuelta de tuerca, un giro en mi forma de narrar. El encuentro con una nueva voz para contar las cosas, de otra forma y, por supuesto, el quebrantamiento de ciertas suposiciones literarias que me guiaron en el pasado. Una novela en la que me redescubro como narrador, la historia de un escritor que no escribe y en un congreso de escritores en Costa Rica le hacen una regresión y le anuncian que ha sido el guardia nazi de un campo de concentración. Y la locura por escribir esa historia inaceptable. Y una reflexión sobre la creación, los libros, la lectura, la vida literaria de los escritores como un producto de ficción… y las claves ocultas que guardan los libros. ¿Las guardan?

Por cierto, ¿se liga más si eres escritor, como dice un personaje de esa novela?
Ja, ja, ja, a la vista del giro que acaba de dar mi vida (acorde con el giro novelesco del que he hablado antes), sin duda… bueno, en serio, jamás ligue por ser escritor, la diferencia, ahora, es que he empezado a creerme que lo soy (he necesitado seis novelas para afianzarme en esta idea). Digamos que ser escritor se pone en la balanza cuando una persona se aproxima: pero puede ser que sea una balanza negativa… para muchos, los escritores siempre nos aburrimos, nos quejamos y tenemos un espíritu hipercrítico, eso dinamitaría cualquier relación, ¿o no?

¿Cuáles son tus proyectos?
Tengo en mente un libro de viajes, una novela casi terminada que se titula El Cormorán Petroleado, que llevo unos seis años escribiendo, y una futura novela sobre escritores mega ventas que son falsos, productos editoriales escritos por fracasados literarios. Y mi tesis doctoral sobre Ismaíl Kadaré.

Casillero del diablo, de José Carlos Rodrigo Breto, Ediciones Xorki 2013

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

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