El apocalipsis y otras aclaraciones vitales, de Javier Divisa

El apocalipsis y otras aclaraciones vitales, de Javier Divisa

Me acaban de presentar a un perro, en plan persona, como te lo digo. Vaya época. El apocalipsis está llegando.

Si vienes a mi casa y te quedas tumbado el suficiente tiempo en una especie de Chaise longue que tengo del IKEA (¡cómo no!), lo más probable es que termine dejando ropa encima de tu cuerpo; esta mañana mientras recogía la ropa pensaba con bastante solvencia que no me sorprendería que apareciera un cadáver debajo.

Qué maravilla lo empoderados, modernos, cosmopolitas y sibaritas que se sienten los seres que salen del Affer de mi barrio caminando con su Red Bull en la mano, en la otra una malísima persona y ese maravilloso límite, la admirable divisoria entre lo sicalíptico y el asesinato. Repugnantemente hipnótico.

Quien me conoce sabe que la expresión <<madurar>> no me motiva en exceso. Y eso no quiere decir que yo sea un fútil prematuro sin vello testicular. Ni mucho menos simple. Tengo la intuición, la sensación de que esa revelación de la madurez se utiliza para excusar y justificar vidas terriblemente vacuas y presuntuosas, incluso de servidumbre, obscenamente despojadas de la elección propia, una especie de hoja de ruta predeterminada socialmente, con elevación, adaptación y aceptación de la manada. En cualquier caso estoy seguro de que todo es un delirio, una ilusión óptica, en muchos casos. No son vidas seguras y maduras por muy preceptivas y convencionales que sean, sino incluso (deduzco de mi observación) muchas veces son una inversión para otros, un fraude, una quiebra, una desolación. ¿Madurar? Vaya maldita metáfora, una característica de las frutas, si eres tonto y poco fiable, da igual qué tipo fruta has decidido ser. No hay como divertirse y sufrir juntos para que lejos de la Norma, nazca una amistad, una coherencia, una relación lógica y desprendida, de la misma manera que no hay como aburrirse y sufrir juntos para que nazca una relación ilógica y productiva. Yo qué sé.

Hoy me he levantado 20 minutos antes para poder quedarme 10 minutos mirando las gotas del agua de la ducha y 10 minutos la taza de café, y eso es mi concepto de meditar: pensar adecuadamente en las posibilidades de mierda del día, mientras miras cosas.

Sin pensar: Tu vida es una puta mierda.

Pensando: Tu vida es una puta mierda de una forma insondable, abisal, profundísma, con mogollón de recovecos y agujeros negros, taras grimosas y estás acabadísmo.

No pienses.

 

Lo típico que sales por Girona a tomar unas cañas y acabas en Bruselas comiendo mejillones. Eso nos ha pasado a todos. No es monopolio de Puigdemont. A mí los independentistas me dan bastante igual, pero a los que dicen Puchi, Coletas y Bebescansa los deportaría a Sierra Leona. Dicho esto, no veo una sola persona en nuestra poltítica nacional en quien confíe para solucionar un conflicto. Es una perspectiva terrorífica, espeluznante, eso es verdad, pero al menos centrémonos en lo que nos une: expulsar a Carlos Goñi y a Melendi del país. Incluiría a Bertín Osborne.

Esa manía que tengo de decirle al médico que sólo bebo dos o tres cervezas el fin de semana y el médico mirándome desafiante en plan Ernesto de Hannover antes de decirte: “bájate a hacer el análisis de sangre”. Y los dos sabemos que en este país cualquier pretexto es bueno para beberte hasta el Nenuco o el anticongelante del coche, qué sé yo. Qué sociedad más fraudulenta e ilusoria somos. En todo.

A ver, me voy a poner un poco hegemónico y moralista, pero seré breve, como alegato y coartada de estar leyendo muchas discusiones de mierda, y quizá demasiada intransigencia en torno a ellas. Recordad: amigos son los que sin comprender ni compartir tu opinión la toleran y respetan, el resto son compañeros de viaje con cosas, o pequeños hijos de puta que necesitan un abrazo.

¿Vosotros usáis guantes para coger la fruta en el supermercado?
Yo no, en primer lugar por dificultades somáticas, armónicas y rítmicas, en segundo porque no la devuelvo a su lugar, me la quedo yo, y en tercero porque es algo diferencial de los hijos de puta; cada vez que veo a un tipo en el super tocar la fruta con guantes, lo miro espantado como si estuviera comprobando la blandura, suavidad, elasticidad, flexibilidad y firmeza de unas heces. Esa sensación de confianza, de estabilidad y hegemonia moral de los guantes de plástico para la fruta explica mucho de nuestra sociedad, de nuestra sociedad de hijos de puta, concretamente.

¿Cuántas personas conocéis que se creen que se parecen a Audrey Hepburn? ¿Lo consideráis una coordenada de una severa taradez? No, simplemente te lo digo porque acabo de oír “Concha tú eres muy Audrey Hepburn”, y la otra le ha dicho: “Sí, total”. Y claro, yo he visto a Concha.

Empiezas con marihuana, luego cocaína, pastillas, MDMA, y cuando te quieres dar cuenta estás en un evento poético aplaudiendo y pidiendo un euro para un té.

Acabo de pasear despacio por un parque rojizo, otoñal, de mi barrio, y no me he sentido más empoderado y superior moralmente en mi vida.

Mi receta de crema de calabaza
-Compra calabaza.
-Habla con una amiga, pidele opinión, dile sí a todo. Al jengibre, al zumo de naranja final, a todo.
-Te ha dicho que no le añadas leche ni quesitos.
-A muerte con la leche y los quesitos.
-Mira a tu alrededor con aire culpable, además te queda algo de parmesano, rállalo directamente sobre tu boca, pon el excedente en la cazuela.
-Abrir una cerveza. Esperar.
-Abrir otra cerveza. Servir.
-Añadir lo primero que te encuentres en la cocina que no te haya dicho tu amiga.
-Seguir rallando parmesano en tu boca. Acompañar con la crema.

Confieso, todos mis textos se basan en hechos reales que me tienen amargada la vida

Me he mareado ante la súbita revelación de que la vida pasa volando, pero al final era que necesitaba un café y un donut

Vengo de una perfumería y una dependienta me ha confesado que ella también mira el culo a las chicas cuando va andando por la calle y que hay culos muy bonitos dentro de los shorts, y ahora me pregunto cómo llegó la conversación ahí. Llevo cinco minutos dándole vueltas.

Se habla mucho de irte de la vida por la puerta grande, y poco de la gran actitud vital de irte a gatas sin hacer ruido. Dicho esto, hay dos tipos de personas en el mundo: las que parecen idiotas y las que parecen idiotas.

HASTA PRONTO

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Sarcástico incansable, desarrolla su clave humorística y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula, donde también escribe una sección personalizada llamada Diario de un Paranoico. Ejerce como columnista de opinión en el periódico El Cotidiano y ha sido colaborador habitual en diferentes revistas de Suramérica, aunque estas variables cada vez le dan más pereza. Compagina la literatura con el business de la moda. Y ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Cree que Magdalena es su mejor novela, de largo.

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