Animula vagula blandula…

Animula vagula blandula…

Había que darse cierta prisa. Punset nunca había llegado tarde a ninguna entrevista en… ¿cuantos?… bueno, más de diez años de programa. Estaba a punto de pedir a su ayudante -¡no iba a llamar él mismo, hasta ahí podíamos llegar!- que llamase por el móvil para dar razón del retraso al… a ver… profesor Philip Roper, director/jefe de neurología de la John Hopkins University, tal y como indicaba la información que su equipo le había enviado al i-phone, cuando vio el rostro que le mostraba su ficha electrónica tranquilamente dibujado sobre una cabeza antigua, algo señorial, de pelo recortado removido por la brisa y reposando sobre un cuerpo displicentemente recostado en un banco del campus. El profesor, con chaleco a cuadros, pantalones de tela holgados y mocasines, no parecía muy impaciente, de modo que tampoco había sido tan grave la tardanza, aunque le escamaba un poco ese exterior tan británico, como de inglés vestido de sport: nadie podría decir que le habían cogido trabajando. Su próximo libro, las colaboraciones en las revistas y en la tele, los ridículos y enervantes problemas de la familia, las ya permanentes molestias del viaje en avión, y esa sugerencia del productor de Redes de que se dejase patillas para darse un aire a Isaac Asimov que realzara el aspecto de atenta inteligencia que ya le proporcionaban las gafas y la amplia bóveda de cráneo que aproaba sus rizos retractiles, le tenían totalmente absorbido y, como corresponde a su actual profesión (había tenido tantas… de sabio todas, ojo), más despistado que un cometa en trayectoria hacia un agujero negro. De hecho, no conseguía concentrarse en el sentido de las primeras palabras del eminente profesor tras las obligadas presentaciones y la elevada ponderación de sus publicaciones, pero había que reconocer que el banco era un lugar fotogénico y agradable para conversar -desde aquí, subtítulos en castellano:

-Eeeh… este… perdone, profesor… ¿entonces dice que es el neocortex el que actúa como conductor entre el sistema nervioso y nuestras emociones, de manera que podríamos de alguna manera modificar lo que sentimos con una simple intervención en nuestro cerebro?

 

-Sí, más o menos, en realidad lo que estamos investigando consiste sobre todo en estudiar las reacciones del neocortex a la modificación de los estados de ánimo, que es un poco lo contrario.

 

-¿Lo contrario? ¿Quiere decir que es el… digamos… psiquismo humano el que cambia la… bueno, estructura básica del cerebro, y no al revés?¿Es que no es lo mismo, si lo entiendo bien?

 

-En buena parte sí, pero no lo sabemos aún con certeza. Partimos de las suposición de que el proceso involucra alguna forma de interacción mutua, lo que ocurre es que sólo podemos experimentar sobre la conducta, no sobre las áreas funcionales del cerebro, lo cual sería demasiado arriesgado teniendo como sujeto un hombre vivo, como usted comprenderá.

 

-Es fascinante… O sea, que si, pongamos por caso, pudiéramos experimentar con el cerebro de esa niña que está entre los arbustos… ¿la ve?… bueno, pues podríamos saber si sus juegos o lo que sea responden a una alteración evolutiva del encéfalo o bien a una mutación, ¿no es así?

 

-Esa niña que usted dice juega, no sé, por moverse, por no estarse quieta, por pasar el tiempo, ociosamente, ya le he señalado que en nuestro laboratorio no experimentamos directamente con la fisiología de organismos vivos, y menos si son humanos, para eso están los ratones.

 

-Ya, ya, pero… ¿no es verdad que alguna huella genética en sus circunvalaciones cerebrales ordena al hipotálamo ejercitar sus músculos? Mire, ahora está persiguiendo una mariposa, seguramente repitiendo una actitud de caza que proviene de sus antepasados prehistóricos…

 

-Sí, sí, sin duda, pero también pienso que se aburre, en un lugar tan amplio y sin columpios.

 

-Fíjese, fíjese, ya la ha atrapado y la está observando a través de un hueco en sus manos. ¿Es posible… es posible que la satisfacción que siente sea el resultado de una segregación de endorfina producida por el éxito de su intento, y que la prepara para éxitos posteriores de su vida adulta?

 

-Bueno, yo creo que es simple curiosidad, nada más. Y puede que la mate si se descuida.

 

-Desde luego, desde luego, pero… ¿qué diríamos desde un punto de vista científico?

 

-Animula, vagula, blandula…

 

-¿Perdone?

 

-Si, me he distraido, se trata de un recuerdo del College, algo poco científico realmente, un poema antiguo, Animula, vagula, blandula/ Hospes comesque corporis/ Quae nunc abibis in loca / Pallidula, rigida, nudula, / Nec, ut soles, dabis iocos… No recuerdo el autor, pero permita que le traduzca: “Pequeña alma, errante y encantadora/ Invitada y compañera del cuerpo/ Que pronto partirás a lugares/ Oscuros, fríos, brumosos/ El fin de todas tus bromas.” Algo triste, ciertamente.

 

-Ah. Ya. El alma. ¿Sabe?… mis espectadores esperan, por así decirlo… en fin, el alma es importante en muchas culturas… una forma de religiosidad muy respetable… pero no parece una expresión muy científica. Yo mismo he escrito mucho sobre ello en mi país, en España.

 

-No, claro, se trata de una forma de hablar; quiero decir que nadie puede saber porqué hacemos lo que hacemos, nosotros aquí nos limitamos a verificar que zonas del cerebro son afectadas por un comportamiento u otro a fin de establecer una relación meramente estadística.

 

-Sin embargo…o sea, la niña no puede actuar sin motivo, de alguna forma debe seguir las leyes químicas de su cerebro… las moléculas… Mire otra vez, ahora ha soltado a la mariposa.

 

-Mariposa en griego se dice precisamente psyché, origen de nuestro término psicología ¿o a usted no le han enseñado nada? Nuestras almas, o psiquismos si prefiere, siguen sus propias leyes por motivos propios, como las mariposas saltan de una flor a otra del jardín, por Dios bendito.

 

-Por supuesto, por supuesto… ya… pero la mariposa tiene que alimentarse de las flores por instinto, no puede evitarlo, conforme a la herencia de su especie…cumpliendo una suerte de función biológica, si no me explico mal… igual que la niña, a su modo…

 

-¿Y usted pretende decirle a la mariposa qué flor determinada debe escoger, o a la niña en qué arbusto puede jugar y en cual no?¿Qué clase de libros escribe usted en su país?¿Nazis?

 

-Pero… las moléculas… la evolución…la glándula tiroides… el cerebro…

 

-La mariposa vuela con las alas, no con el cerebro; la niña ha cogido la mariposa con las manos, no con el cerebro, ¿o es que es usted también ciego además de idiota?

 

-Pep, corta.

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Un viaje tristemente desperdiciado. Ese día se había levantado con el pie izquierdo, aunque le estuviese mal en decirlo –está demostrado que la suerte no es más que una superstición popular. Menos mal que tenía otra entrevista concertada con un socioendocrino en Yale, que ya puestos no estaba demasiado lejos. Lo malo, lo peor, fue descubrir más tarde que algún miembro de post-producción (porque Pep no puede ser, que es enteramente de fiar después de todo este tiempo, aunque aquella vez… en fin, nunca se sabe…) había filtrado el rodaje por Internet y en pocas semanas estaba al alcance de cualquiera en youtube. Puede que no lo viese mucha gente en principio, pero Buenafuente le iba a preguntar por ello seguro, eso no hay Dios que lo evite, y tenía demasiados seguidores en España, no sólo en Cataluña, y tantos premios… ¡el primer programa digno de divulgación científica en tierras del clero, vamos anda! ¡más de diez años en antena, collons! Ese tipo era un maniático, un loco peligroso, un lunático. ¡Y a cargo de un laboratorio en EEUU, qué disparate! Paños calientes, paños calientes, hay que echar paños calientes. Y de Asimov o la madre que lo parió ni hablar. Lo que no entendía, lo que sinceramente no entendería nunca es porqué se puso así aquel individuo por un puñetero insecto y un cría que, después de todo, resultó ser su hija.

Autor

Óscar Sánchez
Licenciado en Filosofía por la gracia de Hegel y, aunque cueste creerlo, existe una profesión instituida en la que puede enseñarse semejante cosa a los adolescentes a cambio de dinero. Si además tuviese horas de Historia de la Literatura Universal, hasta se recortaría gustoso el sueldo a sí mismo -pero no conviene mencionar la soga en casa del ahorcado... Desertor de otras revistas digitales de menor pelo, ha publicado un ensayo sobre Jane Austen, algunos experimentos que le son queridos en bubok.es y, recientemente, un capítulo del libro colectivo Galería de los invisibles. Es de esos que fungen de dictadores del gusto en un blog prácticamente diario (www.elantipatico.blogspot.es) que afortunadamente no hay que tomar muy en serio. Por carambola, resulta que le gustan especialmente los autores que llenan sus dedos de anillos (Aristóteles, Dickens, Moore... los mejores en lo suyo), pero no entiende cómo hacen para escribir: aquí debe haber algún oscuro misterio...

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