Andarás perdido por el mundo, de Óscar Esquivias

Andarás perdido por el mundo, de Óscar Esquivias

andarás perdido por el mundo EsquiviasNunca somos imparciales al leer un libro. No porque no lo podamos ser, no porque nuestro punto de vista se imponga siempre sobre el papel y lo que este promete; es el libro el que, desde el momento en que lo abrimos, nos sitúa en un lugar u otro. Cuando leemos no vemos con nuestros ojos, sino con los ojos de papel que nos da el libro, no respiramos con nuestro aire, sino con el aire encerrado entre las páginas. Confieso de antemano que, una vez más, mi lectura de Andarás perdido por el mundo (Ediciones del Viento, 2016), de Óscar Esquivias (Burgos, 1972) no ha sido imparcial. Encerrado como estoy en la instantánea de portada de Asís G. Ayerbe, al abrir el libro cerré los ojos y dejé que la bicicleta me transportara por estos catorce relatos con el azar con que se condujo el hombre castigado con esa maldición.

Yavé sentenció a Caín “Andarás perdido por el mundo”, y el lector se siente también vagabundo en estas páginas, acompaña a los personajes en sus viajes interiores y geográficos hasta sentirse conmovido, transportado a su piel: de Burgos a Roma, de Florencia a Madrid, de Oña a Gorea, de Mtsensk a Londres, de Santa Mónica y Hollywood  a París. Son personajes sin rumbo como Ismael extraviado fuera del Paraíso y de la casa paterna como el hijo perdido de Abraham (en el primer relato, “Todo un mundo lejano”), el Davide de Miguel Ángel reencarnado en “el hombre más guapo del mundo”, un monitor de natación de “piernas morenas, densamente cubiertas de vello” (“Curso de natación”), Édison Gutiérrez, “El Chino”, que se enfrenta al reto de superar en ingenio al mismísimo Thomas Alva Edison e inventar una nueva personalidad (“El Chino de Cuatroca”), o un náufrago aventurero en el Burgos de los años setenta y ochenta instalado en La Florida, es decir, ingresado en el Hospital Psiquiátrico de San Salvador de Oña (“La Florida”).

La obra de Óscar Esquivias está sembrada de rutas, peregrinajes y desafíos, desde Jerjes conquista el mar (Premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid, 2009) hasta la trilogía de inspiración dantesca Inquietud en el Paraíso (Premio de la Crítica de Castilla y León, 2005), La ciudad del Gran Rey (2006) y Viene la noche (2007) -títulos publicados todos ellos en Ediciones del Viento. Pero sin duda este conjunto de relatos dispersos es el que lleva más lejos el viaje. Con banda sonora de arpa eólica, de coro de catequesis, de quinteto de cuerda con piano, de viola y piano, o con la emisora de radio clásica británica de fondo, empeñada en celebrar el jubileo de Isabel II con  los insoportables compositores patrios (Vaughan Williams, Britten, Holst), Esquivias ajusta cuentas con la miseria de quienes corren hacia esa existencia errante desde la cocina de un restaurante chino o como dramaturgos postmodernos (becados, a su pesar, por la Unión Europea), se disfraza de Leskov para narrarnos una historia de desencuentros amorosos y desengaños musicales a orillas del río Zusha, de Hitchcock (La ventana indiscreta) y Billy Wilder (El apartamento) para mostrarnos, como si pudiéramos ver el corte del edificio, dos citas con dos parejas radicalmente opuestas, unidas por el hilo musical del mambo, y homenajea a Louis Ferdinand Céline, Berlioz, Chéjov y Dickens.

No soy imparcial en mi lectura del libro. Óscar Esquivias, juguetón y tierno con sus personajes, quiere hacer que el lector se sienta un poco desorientado en este mundo injusto, pero también quiere mostrarle el último destello poético que lo recorre. Nos contagia, en la lectura, unos ojos de papel que son la mirada del niño que asoma en sus relatos, donde la memoria juega un papel tan importante como el deseo o el humor.

 

Un día sorprendimos a sor María limpiando una pintada en la puerta de La Florida. Alguien había escrito con rotulador “Gora ETA” y otro, con bolígrafo, había corregido el texto y había añadido una te y una ese para formar la palabra TETAS. La misma mano había dibujado unos prominentes senos femeninos y había repetido la palabra “amor” en todo el tablero: amor, amor, amor, amor, amor, amor.

-El del “amor” ya sé yo quién es -decía la monja-, que me conozco bien su letra; ahora, como descubra al otro sinvergüenza…

-Espero que no haya sido mi hermano -apuntó, un poco temerosa, mi madre.

-Claro que no. Tu hermano es un santo, ojalá todos se portaran como él.

No soy imparcial porque los relatos de Óscar Esquivias me han llevado desde la portada hasta la última página en volandas. Ni me he dado cuenta de que cargaba con un violonchelo a la espalda.

Andarás perdido por el mundo, de Óscar Esquivias. Ediciones del Viento, 2016. 248 páginas. 18,50 euros.

Autor

Federico Ocaña
He publicado Desprendimientos (Amargord, 2011). Mis poemas han aparecido en La sombra del membrillo, Cuadernos del matemático, Heterogénea, Sol negro, etc. y en Ochenta & 3 (antología en prensa, coord. Hipólito García “Bolo”). He ofrecido recitales en Expoesía de Soria, La Noche en Blanco, universidades, bibliotecas y centros culturales y colaborado como músico con Mª del Mar Ocaña en Almendra (Amargord, 2010), de Luis Luna y Lourdes de Abajo -ilustraciones de Juan Carlos Mestre y pórtico de Antonio Gamoneda, y como artista visual en “Equivocación” (2012) con Irene Tourné. Con Arantxa Romero, Pablo Álvarez e Irene Tourné he fundado el grupo Fractal. Soy Licenciado en Filosofía, Máster en Pensamiento español e iberoamericano (UCM) y ultimo el Grado de Lenguas modernas.

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