A propósito de los Coen. Joel y Ethan Coen

A propósito de los Coen. Joel y Ethan Coen

Curiosa la última película de los hermanos Coen, los imaginativos y bien avenidos hermanos judíos cuya producción corre pareja en número con la de Woody Allen, pero que, al contrario del neoyorquino hipocondriaco, procuran hacer, cada vez que se ponen tras la cámara, una película que nada tenga que ver con la anterior, y así, del western de ese remake que fue Valor de ley, se van ahora al mundo del folk, siguiendo la pista de un músico desencantado, carente de garra comercial y gafe, Lewyn Davis (Oscar Isaac), al que nada parece salirle a derechas en buena parte por su actitud ante la vida. Cantante de bar, separado de un colega con el que, en su momento hizo algún que otro bolo, mal considerado por sus parejas, que tienen hacia él más reproches que alabanzas, y okupa de los sofás de las casas de sus amigos, puesto que no tiene casa en donde caerse muerto, Lewyn Davis bascula por un mundo hostil en el que nunca se siente cómodo y lo rechaza —su alucinante viaje al gélido Chicago compartiendo coche con el músico de jazz Roland Turner (un John Goodman pasado de vueltas), una especie de cortometraje dentro de la película que se convierte en uno de los mejores tramos del film, es prueba de ello con ese primer plano de los calcetines goteando agua de nieve en la barra de un bar o su posterior y frustrante entrevista con el magnate discográfico Bud Grossman (F. Murray Abraham) —.

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Oscar Isaac es Lewyn en “A propósito de Lewyn Davis”

No es A propósito de Lewyn Davis, inspirada en la triste biografía de un músico con talento y poca suerte, Van Ronk, uno de los trabajos más inspirados de los Coen, a los que no se les puede exigir, dada su ingente producción cinematográfica de un título por año, un estándar de calidad alto (Arizona baby, Oh Brother, Ladykillers son, para mí, sus peores películas); le falta el humor mordiente de algunas de sus cintas más inspiradas (Fargo, El gran Lebowski, El hombre que nunca estuvo allí), pero sí es una pieza curiosa en su filmografía y el retrato de los inicios de un tipo de música, el folk, en el que triunfaría Bob Dylan o Joan Baez, al que se acercan con una dosis de ácida ironía—la representación de una cantante plúmbea y de escaso talento que boicotea Lewyn Davis pasado de copas y le vale una paliza, secuencia que abre y cierra el film—.

Se resiente esta película, deliberadamente gris y fría, de su tono mortecino y al final, y no sé si eso es una carencia o se convierte precisamente en una de las virtudes del film, consigue inculcar al espectador el pasotismo de su gafe protagonista, paradigma del fracaso musical, social y personal—el espectador espera, que de regreso de ese espectral viaje a Chicago vaya a visitar al hijo que no conoce, cuando avista el letrero de la población en donde vive, pero no—.

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Carey Mulligan es Jane, la amante de Lewyn, en “A propósito de Lewyn Davis”

Podrían haber facturado los Coen un drama como El cowboy de medianoche de John Schlesinger, crónica en clave dramática del fracaso, por ejemplo, pero no están por la labor, porque su clave es otra; toman distancia con todos los géneros que tocan sin implicarse nunca al cien por cien en ellos, fruto quizá de su descreimiento, y se limitan a ofrecernos en este caso una comedia desencantada algo aburrida e insulsa, a tono con su protagonista, como hubiera filmado el propio Lewyn Davis su penosa odisea.

Un nuevo tour de force genérico de estos hermanos cineastas en donde el escenario, como suele ser habitual en sus films—aquí el bohemio Greenwich Village neoyorquino de años sesenta, o el ventoso Chicago circunstancial, como en Fargo fueron las planicies nevadas o en No es país para viejos el desierto árido—tiene una importancia capital en el resultado final porque no se puede disociar el paisanaje a su paisaje. Una nueva apología del fracaso siguiendo los pasos de un músico perdedor con escaso glamur y menor enjundia.

“Todo lo que tocas se convierte en mierda, como el hermano idiota del rey Midas” le recrimina su antigua amante Jean (Carey Mulligan, menos cargante de lo habitual), y embarazada de él. Pues eso parece haber pasado también con la película, salvando la distancias, que el efecto Lewyn Davis, uno de los personajes más tristes ideados por los hermanos cineastas, planea sobre su film y lo moldea.

Autor

José Luis Muñoz
Es uno de los más prolíficos, premiados y consolidados cultivadores de la literatura negrocriminal española y uno de sus miembros fundacionales por su vinculación a la Semana Negra de Gijón desde su primera edición. Treinta y siete novelas publicadas, de géneros tan diversos como el fantástico, erótico, histórico y policial, cinco libros de relatos y un buen número de galardones (Tigre Juan, Azorín, Café Gijón, La Sonrisa Vertical, Camilo José Cela, Ángel Guerra…) le avalan. Es el autor de "Barcelona negra", "El mal absoluto", "La caraqueña del Maní", "La Frontera Sur", "La pérdida del Paraíso", "Ciudad en llamas" y "El secreto del náufrago" entre otras. Su últimas novelas publicadas son "Te arrastrarás sobre tu vientre" (El Humo del Escritor, 2014), "Marero" (Ediciones Contrabando, 2015), "Ascenso y caída de Humberto da Silva" (Editorial Carena, 2016), "El hijo del diablo" (Editorial Serbal, 2016) y "Cazadores en la nieve" (Editorial Versátil, 2016).

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