40, el musical

40, el musical

Ver 40, el musical en su reposición 2013, casi cuatro años después de su estreno y tras Más de cien mentiras tiene un efecto bastante revelador acerca de la evolución de los espectáculos musicales producidos en el madrileño teatro Rialto por la compañía “Drive”. Por un lado, la empresa que dirigen Ángel Suárez y José María Cámara mejora cada vez más en lo que a escenografía se refiere. El musical con canciones de Sabina (que nace en cierta forma del que ahora nos ocupa, como denota la inclusión de “El hombre del traje gris”) cuenta con una puesta en escena mucho más espectacular, compleja, cara y versátil que la de 40 el musical. Teniendo en cuenta que el primero es posterior al segundo, es obligatorio reconocer el esfuerzo económico realizado así como una mayor ambición y complejidad en un elemento de especial relevancia en los shows musicales (con los precios que se manejan en las entradas, el espíritu de A chorus line -1975- de James Kirkwood, Nicholas Dante, Edward Kleban y Marvin Hamlisch debería ser olvidado) El trabajo de Ana Garay en 40, el musical es tan funcional como escaso. Apenas cuenta con una (pequeña) pantalla de video para indicar los cambios de escenario, los arcos de medio punto con que se adornan las estructuras metálicas no tienen justificación dramática y el ocultamiento de la banda musical en la parte alta del decorado es bastante tosca y confusa.

40 el musical

El otro aspecto interesante en la comparación entre ambos montajes es el libreto y aquí gana el de 40, el musical firmado por Daniel Sánchez Arévalo. Comparado con el escrito por David Serrano para dar sostén a las canciones del autor de “Pongamos que hablo de Madrid”, el que nos ahora ocupa está bastante mejor estructurado, sin los agujeros que la inclusión de una historia policíaca provocaba en el que acaba de salir de cartel. 40, el musical apuesta también por varias historias fundamentalmente sentimentales que están suficientemente bien entrelazadas y es de aplaudir el atrevimiento de acabar el primer acto no con un gran número musical sino con una sobrecogedora interpretación de “Siete vidas” de Antonio Flores desde la camilla de un hospital. Lástima que el director de Gordos (2009) recurra poco después a un segundo golpe melodramático para hacer avanzar la historia de Arturo y sus hijos. El único problema que genera meter un accidente en un momento inesperado de la historia es que resulta redundante que, minutos después, otro personaje sufra una enfermedad mortal (subtrama, además, atropelladamente resuelta quizás para no asistir a otra escena hospitalaria que pondría de relieve la sobreutilización del recurso)

40 el musical

Más discutible es la presencia de un narrador que va dando directamente al espectador las informaciones que, de ser haber sido dramatizadas, habrían llevado al show a las cuatro horas de duración. Más de cien mentiras utilizará el mismo recurso, pero convertirá al narrador en el fantasma del personaje que provoca todo el conflicto entre los vivos por lo que su integración en la trama se revelará mucho más fluida. Aquí el (facilón) procedimiento se aprovecha para justificar el origen radiofónico del espectáculo, como si fuera de alguna manera obligatorio que en un montaje cuyo título no es más que una excusa para poder incluir canciones de éxito no se pudiera de ninguna forma evitar la presencia de un locutor de radio fórmula. Desconcierta aún más que la estación de radio del libreto se llame “04 FM”, eludiendo (¿cuestión de derechos?) la alusión directa a la emisora de la cadena SER.

Esto nos lleva a las canciones. Probablemente no se esté representando en el mundo otra obra con semejante cantidad de éxitos de tan diferentes estilos y épocas. Uno no puede por menos que felicitar a “Gran Vía Musical” por haber sido capaz de atravesar con éxito el infierno que ha debido ser  la gestión de los derechos de temas que van desde el “Super super man” de Miguel Bosé al “I gotta feeling” de Black eyed peas pasando por el “Let´s dance” de Bowie. Y, tremendo mérito que se repetirá en Más de cien mentiras, es que la mayor parte de las canciones están bastante bien introducidas en la trama. Desde el “Déjame” de Los secretos con el que se inicia la acción tras una excesivamente larga y explícita obertura y presentación de personajes, hasta los hilarantes números desarrollados al ritmo de “Amante Bandido” también de Bosé o “Vivir así es morir de amor” de Camilo Sesto. Resulta muy gratificante que Sánchez Arévalo se haya atrevido a ir más allá de lo obvio en la inclusión de los temas vocales utilizando de manera irónica muchos de ellos, acercando a veces el resultado final a la primera entrega de El otro lado de la cama pero con las canciones bien cantadas y bailadas. Hay, resulta inevitable, algunas composiciones metidas a capón (fundamentalmente las que están en inglés) pero las interpretaciones de “La chica de ayer” de Antonio Vega y “A dios le pido” de Juanes hacen avanzar la acción emocionando, lo que no tiene poco mérito.

40 el musical

En el terreno interpretativo, Silvia Álvarez por fin obtiene la titularidad en el rol protagónico tras muchas funciones ejerciendo de “cover”. A su lado, brillan Javier Godino y Jaime Zataraín aunque será Alejandro Vera quien demuestre que se puede desarrollar el rol cómico sin convertir el texto en una sesión de “Stand up comedy” cada vez que toca hacer chistes.  En el lado opuesto de la excelencia se sitúa Cristina Rueda, que sobreactúa en todo momento, algo a lo que no le ayuda su compañero Miguel Antelo quien, al menos, sabe sacarle partido cómico al estereotipo que le ha tocado en suerte interpretar. Mención aparte merece Rodrigo Poisón, un actor con un inquietante parecido a Sacha Baron Cohen que, como se decía de Lola Flores; ni canta ni actúa ni baila ni falta que le hace.

*Nacho Cabana es guionista de cine y televisión y ha participado en las series “Colegio Mayor”, “Médico de Familia”, “Compañeros”, “Policías en el corazón de la calle” al tiempo que gano el Premio Ciudad de Irún dos veces en diez años en 1993 por el cuento “Los que comen sopa” y en 2003 por la novela “Momentos Robados” y escribo los guiones de los largometrajes No debes estar aquí (2002), dirigido por Jacobo Rispa y Proyecto dos (2008), dirigido por Guillermo Groizard.

Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial.

One comment

  • Gracias, Nacho, por la crítica. Esta bien conocer la opinión de un profesional del guión en esta clase de espectáculos, puesto que el precio de la entrada casi merece un aplauso obligado…

    Contestar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *