37 FESTIVAL DE CINEMA DE MUNTANYA DE TORELLO. CRONICA 4

37 FESTIVAL DE CINEMA DE MUNTANYA DE TORELLO. CRONICA 4

Jueves 21

No todas las propuestas del festival se desarrollan a grandes altitudes. En ocasiones, la acción tiene lugar a nivel del mar. Este es el caso de la primera proyección del jueves, La ola sin fronteras (Julián y Joaquín Azulay, Fernando Salem. Argentina. 2019), protagonizada por Los Gauchos del Mar. Este es el nombre por el que se da a conocer un grupo de surfers que, con la excusa de cabalgar sobre las olas, se desplazan a lugares remotos con una mentalidad aventurera y viajera. En este corto, la razón del viaje fue poner su granito de arena para el acercamiento de dos naciones muy distanciados desde 1982, a consecuencia de la guerra. Se trata de su argentina natal y Reino Unido, y el escenario, las gélidas e inhóspitas aguas de las Islas Malvinas. El surf es uno de los deportes más estéticos, tanto por las maniobras y acrobacias que se llevan a cabo, como por el marco en que se desarrolla. En La ola sin fronteras, pudimos ver ambas cosas, y en algunas tomas, un tercer factor: los animales. Pingüinos, elefantes marinos, pero, sobre todo, toninas – una especie de delfín blanco y negro – generan unas imágenes oníricas de surfers compartiendo sus cabalgadas con estos preciosos cetáceos. Hemos estado encantados de ver otra vez a Los Gauchos del Mar, tanto por la película que han presentado como por el mensaje que transmiten a través del surf.

Como cada año, el festival rinde homenaje a una figura relevante del mundo de la montaña. Por el escenario, han desfilado figuras tan destacadas como Walter Bonatti, Jim Bridwell o Manuel Anglada, todos ellos también grandes innovadores en las montañas. Este año, la organización del festival ha decidido homenajear al alpinista barcelonés Òscar Cadiach. Más allá de la ascensión de los 14 ochomiles sin oxígeno, la trayectoria de Cadiach viene marcada por la calidad de las ascensiones realizadas en el Himalaya y el Karakorum. Entre las más destacadas, todas en estilo alpino, se encuentra el Nanga Parbat en 1984, arista oeste del Thalay Sagar en 1987 o la  apertura de una vía en el Broad Peak Norte en 1990. Ha escalado en todos los grandes macizos del mundo, como Andes, Patagonia y también en África.

Òscar Cadiach y Joan Salarich

El trabajo de Òscar Cadiach en la montaña no sería completo sin significar su vertiente como realizador de varios documentales sobre su actividad, algunos premiados, entre ellos «Thalay Sagar, la montaña del lago» o «En el centro del universo, Monte Kailas «. Tras recibir el premio, se proyectó Més enllà del Kumbhakarna. El mensaje que transmite Cadiach en su documental, no es el de narrar ascensiones épicas o escaladas extremas. Precisamente, lo que busca es descubrir a aquellas personas que, de forma anónima, hacen posible estas actividades, cargando toneladas de material hasta los campamentos y ayudando a los occidentales a coronar la cumbre. El pueblo Sherpa vive en unas condiciones de extrema dureza. Sin embargo, desde la Segunda Guerra Mundial, la afluencia de alpinistas y excursionistas al Himalaya ha provocado un cambio importante en sus vidas. Muchos de ellos, han cambiado el trabajo en el campo por el de porteador o guía, faena mucho mejor pagada, pero también infinitamente más peligrosa.  Como Mingma Sherpa, un habitante del Valle de Barun, que lleva toda su vida acompañando expediciones. Siempre pendiente de que sus clientes no tengan ningún percance, de que la logística funcione, acompañándolos desde el Campo Base hasta la cima… Y siempre, permaneciendo anónimo, sin aparecer en las fotos y sin ser partícipe de las glorias de la cumbre. En esta ocasión, Migma acompaña a Cadiach en su intento de coronar el Kanchenjunga, la tercera montaña más alta de la tierra. Se trata de una montaña muy especial para el Sherpa, ya que es su último ochomil. Y Òscar Cadiach estaba allí para rodarlo, y para que el resto sepamos que hay muchos héroes anónimos que, como Migma Sherpa, hace posible estas expediciones.

Viernes 22

El viernes nos trae dos documentales con trasfondo histórico. The ascent of Everest (Antonello Padovano. G. Bretanya. Italia. 2019) y Repte al Saraghrar (Miquel Pérez. España. 2019).
El 29 de mayo de 1953, Edmund Hillary y Tenzing Norgay llegaban a la cima del Everest. Por primera vez, el hombre alcanza el punto más alto del planeta, tras meses de expedición. Fue un arduo trabajo en equipo, que requirió del esfuerzo de muchos Sherpas y alpinistas occidentales, y que, afortunadamente, fue filmado en detalle. The ascent of Everest, mezcla la grabación de 1953 con las explicaciones y comentarios actuales de Hillary, que revela algunos detalles desconocidos hasta el momento.

Al contrario de la expedición de Hillary, la expedición al Saraghrar – en realidad, tres expediciones – fue modesta en cuanto a su objetivo y presupuesto. Pero ¿debe estar la aventura ligada a estos dos criterios? Miquel Pérez nos hace ver en su documental que la aventura la encuentra cada uno en aquello que está algo fuera de su alcance, y que no sólo las actividades extremas merecen este calificativo. En este caso, la aventura la encontraron en una pared del Hindu Kush (Pakistán), en unos años en los que la falta de información era un factor que amplificaba aún más la ya difícil empresa de ascender una cumbre de 7.350 m. No fue fácil. De hecho, requirió dos intentos, en los años 1975 y 1977, hasta que, al fin en 1982, lograron abrir una vía de dificultad media. En Repte al Saraghrar observamos a unos jóvenes escaladores catalanes que subestiman las dimensiones de la montaña, que rechaza todos sus intentos, y una montaña que subestima la cabezonería de unos catalanes que no se dieron por vencidos hasta terminar su vía.


Además de los dos documentales anteriores, que narran historias de otros tiempos, tuvimos la ocasión de ver Reset (Carlos Martín-Usón. España. 2019), que nos trae una temática muy actual. La imposibilidad de desengancharnos del móvil y vivir – aunque sólo sea por unas horas – sólo conectados a la naturaleza y a los que nos rodean.

La segunda sesión del viernes, nos lleva a un recóndito valle de Pakistán, donde un grupo de escaladores de diversas nacionalidades, intentan abrir varias vías de escalada en roca. Guillaume Broust narra la actividad desarrollada por los alpinistas en un tono desenfado y muy divertido. Incluso en el tratamiento del accidente grave que obligó a la evacuación de uno de los miembros de la expedición. Tha Pathan Project (Bélgica, 2019) descubre también algunos paisajes sorprendentes de un país muy poco frecuentado por los occidentales, con un enorme potencial para las actividades de deporte y aventura.


Como ocurre en otros deportes, en la escalada deportiva se está alcanzando el límite fisiológico en cuanto a lo que el ser humano es capaz de ascender. Progresar en el entorno de lo imposible implica colosales dosis de sacrificio y tenacidad. En The A.O. in the zone (Jochen Schmoll. Alemanya, Italia, Suiza. 2018), observamos el proceso seguido por el escalador checo Adam Ondra para conseguir encadenar la primera vía clasificada de 9C en el mundo. Silence, que es el nombre de la vía, tiene 45 m de longitud, y se encuentra en una bóveda rocosa de Noruega. No se han escatimado medios para lograr este primer ascenso, llegándose incluso a construir una réplica de los pasos más complicados en un rocódromo, de forma que Adam pudiera entrenar los movimientos bajo techo.

Adam Ondra

El director especializado en documentales de montaña Alastair Lee presentó la última proyección del día. Locuaz y con un sentido del humor muy agudo, agradeció en primer lugar el british weather con el que fue recibido – llovía a cántaros -, para después explicarnos cómo conoció a Jesse. Al igual que le ha ocurrido en muchas otras ocasiones, durante el rodaje de un documental se le acercó un desconocido, para indicarle sobre qué debía tratar su próxima película. El joven, fuerte y con aspecto de escalador, le explicó que su proyecto consistía en escalar The Old Man of Hoy, un monolito de 140 m de altura en las islas Orcadas. Acostumbrado al trato con alpinistas de alto nivel, el reto de Jesse parecía, a todas luces, modesto. Hasta que, después de charlar con él un buen rato, se dio cuenta de que Jesse era totalmente ciego. Climbing blind cuenta la historia de esa ascensión, de su preparación y su desarrollo. El mérito de este documental es doble. Por una parte, resulta muy pedagógico, al explicar al espectador no muy ducho en escalada la manera en que se iba a acometer el ascenso del monolito, de forma que pudiera comprender el mérito de la ascensión. Por otra parte, no cae en victimismo ni tiene una actitud compasiva a la hora de tratar la discapacidad de Jesse. Para comprender correctamente la actividad, Alastair explica nociones básicas de escalada. Así, explicó que dentro de esta actividad, hay dos mundos. La escalada deportiva, en la que los anclajes que sirven de seguro están previamente instalados y la dificultad es el único factor a tener en cuenta, y la escalada tradicional. En este segundo tipo, el escalador debe ir emplazando seguros (friends, empotradores, clavijas, etc) en aquellos lugares donde la roca presenta fisuras o agujeros naturales, añadiendo el factor de riesgo a la actividad. Quien haya realizado alguna vía “alpina” o tradicional podrá imaginarse cómo sería ascenderla a ciegas. Imposible o suicida serían los términos que mejor se adaptarían. Sin embargo, la tenacidad de este deportista, y la ayuda de su pareja, nos vuelven a hacer ver que cada uno ubica el término “imposible” donde elije. Sin duda, esta ha sido una de las mejores propuestas del festival.

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