24 horas en la vida de una mujer

24 horas en la vida de una mujer

Por NACHO CABANA

Hace poco celebrábamos en estas mismas páginas la irrupción en el escenario del teatro Victoria barcelonés de un musical como El despertar del primavera que no partía de un éxito popular previo para construirse. Ahora tenemos que hacer lo mismo con estas 24 horas en la vida de una mujer que podremos ver hasta el 3 de junio en el madrileño teatro Infanta Isabel de Madrid y en otoño en el Condal de Barcelona (con bolos veraniegos en otras provincias entre medias).

Se trata de una adaptación de la célebre novela corta de Stefan Zweig que la actriz y productora Silvia Marsó vio en París en formato de recital y que se ha convertido en un musical dramático de pequeño formato, es decir, algo muy raro de ver en nuestros escenarios.

Hay en la novela que le sirve de punto de partida al espectáculo un concepto muy claro a partir del cual se elabora todo lo demás: ¿hasta qué punto un acontecimiento puntual en nuestras vidas puede condicionar nuestra existencia? El mismo Zweig ya había desarrollado la misma idea en Carta de una desconocida siete años antes (1922) de la publicación de 24 horas en la vida de una mujer (1929). Y antes que él, James Joyce en Los muertos, relato sito dentro de Dublineses en 1914.

El primer gran acierto de la adaptación y dirección de Ignacio García (y la dramaturgia previa de Christine Khandjian y Stéphane Ly-Cuong) es poner todos los elementos teatrales al servicio de esa idea central con la que el argumento conforma el retrato de su protagonista. Porque es el dibujo de esta mujer a la que una noche de pasión con un joven al que cree salvar de la ruina primero y la ludopatía después, la meta final del show.

De esta forma, Ignacio García busca desde el primero momento crear una atmósfera entre desesperada y oscura que será rota con los momentos de fugaz enamoramiento del personaje central. Y lo hace con una dirección de escena que subraya los claroscuros del texto mediante la iluminación de Juanjo Llorens y el vestuario de Ana Garay. Es precisamente este último elemento otro de los grandes aciertos de 24 horas en la vida de una mujer al convertirse en la correa de trasmisión de la evolución del personaje central. El pesado abrigo que porta Silvia Marsó en el inicio de la obra nos coloca en su vejez para después volver a los años elegantes con estupendos vestido y body negros para, tras la noche de amor, interrumpir la penumbra con un vestido rojo que rasga al moverse la nostalgia del recuerdo.

La música es también un elemento clave. Las canciones de Sergei Dreznin son portadoras de diálogos y argumento (qué bien resuelven Silvia Marsó y Felipe Ansola los siempre complicados duetos) hasta el extremo de que toda la obra podría ser perfectamente cantada sin que se echara en falta recitado alguno. La formación elegida para interpretar en directo la partitura (trío de piano, violín y violonchelo) contribuye a que cierto fatalismo permanezca latente en todo momento. Acorde con la dirección escénica de García está la coreografía de Helena Martín.

Nada de esto serviría de nada si el eje alrededor del cual pivota todo fallara. Y Silvia Marsó ejecuta en escena lo que probablemente sea su mejor trabajo en años. Dramáticamente ya había demostrado en Yerma o en El zoo de cristal que es capaz de trasmitir todo el dolor y desamparo de ambos textos, pero ahora a ésta calidad actoral le añade un trabajo vocal de primer orden. Dicho de otra manera, hay pocas actrices en España de su generación capaces de aunar así interpretación dramática y musical.

No se pierdan 24 horas en la vida de una mujer. Quizás el Infanta Isabel no sea el teatro más adecuado para disfrutarla pero no se arrepentirán de cerrar con ella la temporada teatral 2017-2018.

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Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial. Acaba de publicar en México su nueva novela VERANO DE KALASHNIKOVS (Harper Collins). Su nueva serie, MATADERO, este año en Antena 3 y Amazon Prime.

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